Hallabase aburrido Guillermo un día bajo un viejo roble cuando de pronto cayó a su vera una enorme manzana que habíase desprendido de un cedro contiguo, Mirola mirola y contemplola.
¡Cuan hermosa era! Tras escrutarla meticulosamente se detuvo en contemplar los pómulos sonrosados de la deliciosa fruta que amparados en un verde amarillento completaban la periferia de la misma.
Con delicadeza y reparo la tomó en su mano, la acarició suavemente y pusosela en la cabeza. De esta manera anduvo a paso egipcio por los estrechos vericuetos del bosque, mientras los jilgueros y pájaros carpinteros alegraban su caminar. Alguna grácil y suave orquídea crujía a sus pies desprendiendo quejas silenciosas que apenas el muchacho escuchaba.
De repente apareció por la penumbra del bosque un elegante caballero, vestido a la usanza de los tiempos y armado de una simpar ballesta. Cabalgaba en un corcel adornado con los escudos reales, blanco, firme, altivo y seguro. Dicho caballero de nombre Gumersindo iba silbando un romance que así rezaba:
El viento me ampara
Y la luna me protege
Donde estará mi dama
Que mi amor esconde.
Cuan gentil muchacho
Que alegra mi camino
E ilumina mi vida.
Hallarte quisiera presto
Y regalarte lo oro la manzana
Que un día te prometí
En otra ciudad lejana.
El rapaz Guillermo que escuchó esta melodía curvose de alegría ante la presencia de aquel cortesano. Tomó la manzana de su cabeza, volviola a contemplar y dijose a si mismo:
- ¿Será acaso esta manzana la que el caballero nombra?
Dirigiose hasta él con paso raudo y cuando llegó a su momento le dijo:
- Mi señor no se de que dama habláis, mas aquí tengo la manzana que se desprendió de un cedro en flor cayendo en mi regazo.
Al ver dicha manzana, el joven Gumersindo llenose de gozo. Ya tenía el regalo de los dioses y solamente le quedaba reencontrar la dama. Joven y muchacho anduvieron un trecho del bosque hasta que apercibieron un claro por donde entraba la luz del sol a borbotones. Llegados a este punto se abrió ante ellos el horizonte mostrando en la cima de la colina próxima, un hermoso palacio con chapiteles dorados que relucían como cascos brillantes de nobles guerreros. Emprendieron la marcha hacia dicho palacio mientras hallaban labriegos a su paso que les iban saludando con amabilidad.
Cuanto más se acercaban el recinto, más atónitos quedaban por el encanto de sus torres, ventanas y almenas.
Estaban ya a las puertas del mismísimo palacio cuando una enorme algazara les lleno de espanto proveniente del interior del palacio. Oíase mucho estrépito de armas, gritos de socorro y aullidos de dolor. Dirigieron su mirada a las almenas más altas y observaron a una hermosa dama corriendo por ellas que iba desprendiéndose de sus atavíos cuales eran diademas, cendales, mantillas, guates etc. De repente subiose a un pináculo y se arrojó al vacío sin una palabra y encomienda.
Esparramaronse los sesos por el suelo y fracturose todo su esqueleto. Tal impresión produjo este suceso en el caballero que poniendo la manzana sobre la cabeza de Guillermo alejose unos metros y disparó su ballesta con tal buen ojo que no le dio a la manzana, hiriéndole de muerte al pobre Guillermito, Ante gran sucesión de sucesos sacó Gumersindo su daga de la vaina y propinose un mortal estoque en medio del corazón.
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esta es la redacción que Antonio Camarasa, nuestro profesor de Lengua , nos ha dictado en clase como castigo o vete tu a saber, un saludo