jueves, 21 de diciembre de 2006
Cuando por fin logró penetrar en la estancia, unos ojos argénteos lo observaron sin parpadear ni un instante,
El ladrón caminó suavemente por el suelo sin que se oyera crujido alguno con una antorcha que colocó en la pared. Todos los ojos se entrecerraron como si hubieran estado sumidos en la penumbra durante cientos de años.
El ladrón consiguió llegar a la estantería adornada con hermosas líneas plateadas
Que le daban al mueble un tono diferente al resto, supo enseguida que se trataba de su objetivo.
Sacó un libro grabado con runas antiguas de la estantería pero al intentar abrirlo, una gran bola de fuego salió del interior del libro y consumió al ladrón en meras cenizas. Salieron de la pared tres ladrones más sin embargo solo uno cerro el libro, los otros
Dos se desvanecieron en la penumbra como si de sombras se tratasen.
Metió el libro que hace un rato había calcinado a su copia corporal en la bolsa situada en la espalda del ladrón sin embargo al intentar salir de la estancia, un resplandor seguido de un inmenso calor fue dirigido hacía el maleante. Un ser normal no habría tenido tiempo de esquivar el ataque pero no era un ladrón cualquiera, había estado entrenado durante años para este momento y no iba a desperdiciarlo por un despiste.
La bola de fuego había prendido la mesa de la sala y el fuego se estaba extendiendo con rapidez, así que el Ladrón no perdió más el tiempo y sacando su daga del cinturón la arrojó hacia el origen de la bola de fuego. La daga no dio en su objetivo sin embargo hizo a su objetivo moverse y delatar su posición.
El maleante ocultó su figura en la sombra que una estantería le proporcionaba mientras escuchaba la respiración del agresor.
Aprovechó el momento de reposo para intentar hablar con él:

¿Quién eres? Que crees poder detenerme con una simple bola de fuego.
No soy más que tu asesino, a no ser que devuelvas el libro
¡Ja! No me hagas reír ¿acaso crees que puedes detenerme con ese truco? Ahora te enseñare yo mis trucos.

Sin más palabra el ladrón saltó hacia su agresor con una daga en la boca mientras sujetaba firmemente otra en la mano. Logró colocarse detrás del mago de un salto y asestó un fuerte golpe en la retaguardia de este, sin embargo descubrió asombrado como el mago se desvanecía, era una copia como la que el ladrón había usado para abrir el libro.
Otra bola de fuego fue enviada hacia el ladrón aprovechando su despiste, esta vez no pudo esquivarla y le asestó el fogonazo en la pierna izquierda, por suerte pudo apagar el fuego a tiempo y solo le calcinó el traje color azabache. Con otro ágil movimiento trepo hacia el origen del fogonazo y descubrió asombrado que el mago tan astuto no era mas que un chaval de aparentemente unos quince años, se acordó de su hermano pequeño y este sentimiento le produjo tal nostalgia que no le quedó otra opción que huir de la estancia.
Abandonó la sala perseguido por el chaval, sin embargo el ladrón era más rápido y consiguió huir gritando:

-¡ERES MUY JOVEN AUN, ENTRÉNATE Y ALGUN DÍA LUCHAREMOS! –

Era el primer combate serio del chaval. Pese a su fracaso en la misión de recuperar el libro, para el joven había sido una victoria, el adversario tenía la rapidez de un felino y el muchacho había conseguido engañarle y asestarle un fuerte ataque.
Con una sonrisa en la cara volvió hacia su habitación, al entrar se fijó en un papel situado en la mesa, un papel que nunca se había fijado en él, estaba doblado sencillamente, lo desplegó y en él observó que ponía:

Buen combate muchacho

Se dejó caer sobre su cama, estaba agotado después del duro combate, mañana sería un gran día.

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Faltaba una hora para el desayuno, no obstante Serilan estaba ya despierto y preparado para su último día de instrucción. Mientras él ultimaba algunos asuntos el sol iba ganando terreno a las sombras que se deslizaban por un lago cercano a su academia. Los rayos del orbe se reflejaban en sus aguas y caían de nuevo sobre el edificio hecho de granito.

Serilan se había convertido en un joven fuerte y vivaracho, y su inteligencia era bastante superior a la de sus compañeros; es por eso que ha hoy se graduaría un año antes de lo normal, una gesta que solo había conseguido un par de celebridades. Su capacidad de análisis le sirvió siempre para salir airoso de las situaciones más peligrosas, y es por eso que hoy antes de la prueba final quería preparar todos sus artilugios y ponerlos a punto.

Mientras sacaba filo a una de las cuatro hojas que tenía un artefacto con forma de élice le fueron llegando olores a hojaldre, mermelada y bollos recién hechos. Termino de sacar brillo a sus botas, se calzó y rezó a sus antepasados. Cuando termino cogió su capa y se fue a desayunar.

El desayuno había sido estupendo, de los mejores que recordaba; no obstante él había procurado no llenarse aun cuando se sentía muy tentado. Al salir del edificio con los demás participantes de la Prueba le sorprendió una comitiba que vitoreaba su nombre. El complacido saludó a todos con la mano y siguió caminando, ciertamente asombrado por la de gentes que se habían hacercado a verle terminar su entrenamiento. Cuando ya estaba a menos de cien metros del estadio donde sería el evento un fogonazo salió de una de las ventanas de la academia, los cristales se rompieron y un estruendo taladró sus timpanos. Antes que nadie él se había puesto firme y empezaba a murmurar un sortilegio, pero de la ventana salio volando nada más ni nada menos que Kortar, el director supremo y se hacercó hacia el estadio.

Una mujer que estaba cerca murmuró "Típico del director, una puesta en escena inesperada y divertida" y riendo como una quinceañera se alejó.

Dentro del estadio todo era diferente, la gente no gritaba ni aplaudía. El silencio era total ya que la muerte de alguno de ellos era bastante probable. Este año el campo de la Prueba era muy primaveral, habían instalado un bosque bastante frondoso, un pequeño lago y varias zonas tormentosas, cada una de ellas separadas por un alo de ilusión mágica. Para los ojos de los campesinos eso era asombroso, pero él estaba acostumbrado a ver obrar la magia de los profesores de la escuela, y les veía capaces de hacer mucho más, lo que le preocupó al pensar en lo que habría dentro de las ilusiones.

Cuando el director Kortar y sus segundos mandos, Jin y Portem, aparecieron en el palco presidencia se alzó un olograma en mitad del estadio con sus imágenes representadas. Una señal de alerta le llegó a Serilan de lo más profundo de su ser... No sabía qué pero algo malo iba a pasar... Sí, allí estaba. Un hombre se había acercado por detrás a Jin, pero nadie había reaccionado. Sin previo aviso una daga salió a traves del pecho del subdirector y el rosto de un hombre bastante mayor apareció detrás de su hombro...

La memoria de Serilan se iluminó y mostro una imagen de su infancia, de su primera batalla. Allí estaba el hombre que acababa de asesinar a Jin, él era el hombre con el que había luchado tanto tiempo atrás, el ladrón contra el que descubrió el sabor de la derrota en su más pura esencia... De repente el sabor a sangre inundó su boca, había estado mordiendo su labio demasiado fuerte y un hilillo de sangre brotaba de él. Su cuerpo había reaccionado a la confusión y ya había formado el rito de invocación así que casi como si fuera un acto reflejo gritó: Hashar dot lamép y una bomba de luz se dirigió hacie el hombre, que pronto desaparecería por el poder de la luz...

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Caos. Confusión. Miedo... Miles de personas corriendo hacia la salida como si de una estampida se tratase. La gente gritaba mientras una nube de humo salía del lugar donde estaba el palco. Devido a la tensión del momento Serilan había fallado por unos pocos metros su hechizo, y había dañado el edificio.

Él seguía ahí parado, con la barbilla manchada de sangre... Estaba jadeando por el esfuerzo que había hecho al realizar el hechizo y sus ojos eran semejantes a los de un demente... La gente chocaba con él buscando la salida, pero no se inmutaba. Estaba absorto en sus recuerdos...

Aquel día la vida de Serilán había dado un vuelco. Él estaba en la academia por que era huerfano y tenía potencial... pero no tenía deseos de ser más fuerte, por lo que aun cuando podía ser el mejor, se contentaba con ser bueno. Pero ese día decidió que sería el más fuerte, para luchar contra la gente que se interpusiera en su camino, que nadie se interpusiera en su futuro... Su vida cambio en el combate con aquel hombre...

Una estruendosa voz se alzó sobre el ruido de las gentes Kitae do hana! y la masa de humo desapareció como si nada, y en cuestion de segundos todas las piedras que se habían derrumbado volvieron a su sitio. Kortar se alzó majestuoso sobre el coliseo y todo el mundo se quedó quieto observando. Nadie sabía a ciencia cierta qué había pasado, pero sabían que no había nada que temer teniendo cerca a uno de los hombres más poderosos del mundo.

El director de la escuela descendió volando desde su posición hasta situarse al lado del muchacho, al que le preguntó si conocía al asesino. Él asintió con la cabeza. Kortar pronunció unas palabras en voz baja y volvió a hablar como si fuera un gigante:

- Por favor, ya no hay nada que temer, volved a vuestras casas. Pospondremos la prueba hasta que aclaremos este asunto. Espeor que me disculpen - y ya con la voz normal le dijo a Serilan- Y ahora sigueme, tenemos cosas de las que hablar.
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Sylvanna era una bella joven de dieciocho años, tenía unos profundos ojos azules, los labios, de color plateado, dibujaban una fina línea en su clara tez, el pelo, lacio y de color claro ondeaba al viento, su esbelto cuerpo dejaba ver sus deliciosas curvas haciéndola preciosa a la vista, ella era una de las chicas mas deseadas de su ciudad, Haderr. Era mediocre en los estudios del asesinato aunque a ella le gustase saber defenderse.
Pero ella tenía un problema, y es que ella era demasiado marginal, no hacía caso a los hombres que la cortejaban, para ella la sociedad en la que vivía era asquerosa, siempre estaban en guerra, ella quería algo de paz y para colmo en estos momentos con la ciudad que siempre había sido su aliada, de la cual no recordaba su nombre. Además su padre era el general del ejército que se dirigía, según se había enterado a atacar el coliseo de dicha villa.
Aquel día Sylvanna había decidido que se iba a ir, emigraría a otro país, donde, esperaba, no hubiese guerra de continuo. Así que se armó, cogió sus ropajes, blancos y largos, y en la mochila escondió los negros y con mascara y capucha, envaino una katana en su cinto y introdujo un puñado de shurikens y kunais en su bolsa y se dirigió a los establos de la mansión de su familia.
-Hola Sephirot –susurró saludando a su caballo, el animal relinchó al identificar a su querida ama. Eran un ejemplar espléndido, su piel y sus cabellos eran negros, las patas eran fuertes y en los ojos, negros y llanos, se veía una chispa de inteligencia.
Sylvanna montó a lomos de Sephirot y se pusieron en marcha. Cabalgaron durante unos minutos hacia la salida, cuando llegaron allí Sylvanna paró un momento, miró hacia atrás y despidiéndose de la ciudad quiso ponerse otra vez en marcha. Pero algo ocurría, su caballo se había quedado quieto. Una figura con un gorro de paja se presentaba ante ella, su dedo estaba apuntando al caballo haciendo que este no se moviese. Rápidamente Sylvanna se puso en alerta, lanzó un shuriken hacia su oponente, este con un ligero movimiento de su mano izquierda lo cogió y lo lanzó al suelo, a milímetros de la pata delantera derecha de Sephirot.
-No tengo nada contra ti –pronunció el hombre.
-¡¿Quien eres?! –gritó exclamada ella.
-Sólo debes seguirme, te hemos estado investigando y eres parecida a nosotros, ahora ven conmigo –Silvana se esforzaba por ver su cara pero no podía ya que la parte que no estaba tapada por el gran sombrero lo estaba por una máscara.
-¿Por qué debería fiarme de ti? Ni siquiera se si de verás es cierto lo que dices.
-¿Que por qué deberías confiar en mi? Muy sencillo –Liberando el hechizo que mantenía sobre el caballo, sus manos van a la cara, una de ellas levanta el sombrero y la otra baja la máscara dejando ver su cara hasta ahora oculta. ¿Ahora ya lo sabes?
-¡Tu! – Los recuerdos acudieron a Sylvanna, recuerdos felices en los que estaba jugando con su hermano en el jardín, pero sin embargo llegaron también otros no tan felices, una patrulla de sagrados monjes samuráis, se llevaban a su hermano mientras ella sólo podía observar. – (Nissan!!)* ¡Hermano! –Lo abrazó fuertemente –Cuanto tiempo Runshin, te he estado buscando.
-Lo se, como ya he dicho te he estado siguiendo. Pero no podía mostrarme hasta el momento adecuando, nuestra organización te entrenará fuertemente, debemos parar esta guerra como sea y tu nos ayudarás a ello, además, hemos encontrado otro chico en Jushin (la ciudad enemiga) que parece que, aunque no piensa como nosotros, ya que él no odia la guerra, tiene un gran potencial, de modo que hay que convencerlo, y nadie como una chica bien formada para hacerlo. – Mirando a su hermana – ¿que? ¿Te vienes?
-De acuerdo, de todas formas no tenía donde ir.
Y así se pusieron en marcha mientras Runshin guiaba.
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(todo escrito por prats,saso y yo)
agradecimientos a angelo por esos buenos ratos que pasamos con él, y espero que los sigamos pasando,y agradecimientos tambien a todo CIUDAD DE LAS ALTURAS,
Publicado por Turo92 @ 23:05  | frikadas
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